Biografía

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Gerardo Thijssen Loos (1926-2006)

Nació en Eindhoven Holanda, muy cerca de la frontera con Bélgica el 11 de julio del año de 1926, hijo primogénito de una familia humilde, de

campesinos muy religiosos que procrearon 6 hijos. Tras la muerte de su madre (de 31 años de edad, víctima de la pulmonía) cuando él tenía apenas 7 años, su padre formó una nueva familia de donde nacieron 9 hermanos más dos de ellos murieron.

Gerardo tenía 13 años cuando comenzó la II Guerra Mundial, le toco vivir la ocupación alemana. Su padre era constructor, un hombre comprometido con las necesidades de los demás. Construyó refugios para esconder holandeses judíos hasta que pudieran huir. El ayudar a su padre en estos refugios le permitió descubrir la crueldad y el inmenso dolor que ocasiona la guerra.

Desde su niñez quiso ser misionero en un país de Asia o Africa, y fue después de cumplidos los 19 años que ingresó al seminario de los misioneros del Sagrado Corazón de Jesús con la ilusión de ser enviado a algún país de Africa o a Indonesia, sin embargo dadas sus capacidades intelectuales el superior de su congregación decidió enviarlo a América, a Chile.

Fue sacerdote-misionero de la congregación “Sacerdotes del Sagrado Corazón” y en 1953 fue enviado a Chile para desempeñarse en sus servicios sacerdotales en el pueblo de Teno, ubicado a 200 Km al sur de Santiago. Su padre se entristeció tanto cuando supo que partía para Chile porque no regresaría sino hasta después de transcurridos 7 años. Cuando se despidieron, su padre lloró tanto que Gerardo tratando de consolarlo le dijo que no estuviera triste que siete años se van tan rápido que pronto volverían a verse. Sin embargo no fue así pues durante su estancia en Chile su padre falleció víctima del cáncer a los 58 años de edad, esto fue otro momento muy doloroso para Gerardo pero él entendió que tenía que continuar su trabajo misionero.

La parroquia que atendía Gerardo era muy grande con 100 Km de largo por 20 Km de ancho; abarcaba 20 pueblos. Había muchas haciendas muy ricas que ayudaban mucho a la parroquia, pero también había muy marcadas desigualdades sociales, una gran miseria, casas de cartón, etc. En los campos los únicos que vivían bien eran los hacendados”. En entrevista a Lya Gutiérrez Gerardo expresó: “Debo reconocer que aunque los hacendados mantenían tres escuelas parroquiales para los niños pobres, la relación entre los hacendados y los curas era meramente sacramental, era la típica relación entre ricos que mantienen escuelas por un lado, y por otro lado explotan a los padres de los niños y curas que todo les perdonan.” “Había mucho dolor entre los pobres y como respuesta, mucha labor sacramental por parte de los curas, pero nada para cambiar su situación. Entendí que no quería ser así.” Sin lugar a dudas esto marcó para siempre a Gerardo y como ya conocía el método de la Juventud Obrera Católica en Bélgica (Ver, Pensar, Actuar), entonces empezó a Actuar: Haciendo un trabajo muy diferente al hablar en sus homilías de los problemas de la gente y trabajando más cerca de ellos.

En un principio se acercó a la panadería del lugar donde 20 trabajadores amasaban los ingredientes del pan para las haciendas desde las 9 de noche hasta la 1 de la madrugada, cuatro horas que Gerardo acompañaba y platicaba con ellos para conocer como pensaban. En esta comunidad desempeño no sólo trabajo pastoral sino que realmente se dejó transformar por la gente del lugar, compartiendo no sólo la pobreza económica, sino su cultura y tradiciones, esto le permitió conocer y vivir en carne propia la miseria de la gente, pero también descubrir la esperanza que nace en la participación y la lucha organizada desde abajo, desde los pobres.

Participó en procesos de formación para laicos en un Instituto Nacional de Educación Rural en Teno, donde con un equipo de 20 laicos con formación sindical, política y religiosa que eran campesinos de la comunidad, visitaban los alrededores para ayudar a la gente del campo a conocer sus derechos, técnicas de agricultura, formación religiosa y bíblica. En este tipo de trabajo ya había varios curas participando.

Fue enviado después a San Bernardo cerca de Santiago de Chile, en donde conoció a Mons. Raúl Silva que era el Cardenal, y quien le salvó vida años después. El lo mándó a la comunidad “La Victoria”, dándole estas referencias: “Tengo una parroquia de 40,000 feligreses que nadie quiere, son casi todos socialistas y comunistas, viven en casas de cartón, muchos son obreros en general, otros ex obreros de minas de carbón encarcelas y expulsados por exigir mejores condiciones de vida y de seguridad en sus trabajos, gente curtida, otros más son vagabundos, paracaidistas, casi todos pertenecen al Partido Comunista. Se acercaron a Santiago de Chile en busca de mejor vida y a través de un triunfal movimiento de lucha en el que hubo muertos y heridos, ocuparon un terreno al que llaman la Victoria, ahí fue sacerdote el francés Pierre Rolland. Después de él hubo otro cura que no aguantó más de dos meses, así que debo decirte que tu casa será de cartón, lejos de tu pobre iglesia. Existe un buen equipo de laicos que dejó Rolland, casi todos son marxistas o comunistas.” Fue en ese lugar durante 7 años que Gerardo completó su transformación pastoral.

Como parte de este proceso de inculturación Gerardo trabajó como obrero en una fábrica de tubos de concreto en Chile, en donde conoció muy de cerca el trato injusto y explotador que sufren los obreros no sólo en Chile sino en muchos países de América Latina. Esta situación le motivó a participar en la organización y luchas sindicales a favor de los trabajadores. Durante su estancia en Chile y junto con otros sacerdotes comprometidos con el pueblo pobre, Gerardo inició procesos de formación y análisis de la realidad que contribuyeron a la organización del pueblo y a la participación activa de las luchas sociales, esto les permitió ver con mayor claridad la brecha que existe entre la jerarquía de la iglesia y sus feligreses, y les permitió ver el rostro de Jesús vivo y presente en cada persona que sufre. En estos tiempos en chile había una gran movilización y participación ciudadana en torno a Salvador Allende, quien llegó al poder de manera democrática y significó la esperanza para el pueblo chileno.

Pese a todo el apoyo popular, la oposición de los ricos y de Estados Unidos a través de Henry Kissinger al gobierno de Allende era feroz por lo que junto con otros sacerdotes, cristianos y católicos inició el Movimiento de Cristianos por el Socialismo, ya que la opinión generalizada era que dentro del socialismo hay mucho más valores evangélicos que en el capitalismo y al poco tiempo eran ya miles de adeptos. Se tuvo más contacto con la Teología de la Liberación de manera más científica a través de teólogos como el peruano Gustavo Gutiérrez, el brasileño Hugo Assman y los chilenos Diego Irrarazabal y Sergio Torres.

En 1972, se organizó el Primer Encuentro de Cristianos por el Socialismo, en el que además de sacerdotes, religiosas y laicos en general, se hizo extensiva la invitación a obispos de avanzada en América Latina, a este encuentro sólo asistió un obispo…Don Sergio Méndez Arceo.El 11 de Septiembre de 1973, las esperanzas del pueblo depositadas en Salvador Allende fueron abrupta y criminalmente arrebatadas por la Junta Militar y el genocida Augusto Pinochet, mediante un golpe de estado.
Tras el golpe de estado, muchos luchadores y luchadoras sociales, líderes religiosos y sindicales fueron perseguidos. Gerardo no fue la excepción, también estaba en la lista negra, de los que debían desaparecer.
Sin embargo gracias al cobijo y protección de la comunidad la Victoria, al Cardenal de Santiago Mons. Raúl Silva y la embajada de Holanda en Chile, Gerardo pudo escapar del país después de que la casa parroquial donde vivía cotidianamente fuera atacada y la iglesia fuera balaceada por los militares.
Después de su traslado a la embajada salió en un vuelo a Holanda, su país natal y estuvo ahí por un año, pero el aprendizaje obtenido en las comunidades chilenas, lo trajo de nuevo a América Latina.

Gerardo oficiandoRegreso a Lima, Perú y luego de 6 meses de profundización en la Teología de la Liberación, junto al teólogo Gustavo Gutiérrez, descubrió que había “línea para no permitirle trabajar con 14 obispos que lo habían invitado y que cuando recibieron órdenes de Roma, apenados le retiraron la invitación”. Esto lo llevó a salir de Perú.
Tenía 48 años, entonces se acercó a Don Sergio y él lo aceptó en la diócesis donde vivió con el exsacerdote, prior del Monasterio Benedictino Joseph Lemercier, casado con Graciela Rumayor y posteriormente vivió con el matrimonio de Raymundo Plankay y Gabriela Videla.
Posteriormente Don Sergio le ofreció la parroquia de Teopanzolco, donde duró 2 años, de 1975 a 1977, donde no se sintió a gusto porque había mucha pasividades la gente de la comunidad, no era como en Chile. Sin embargo fuera de la parroquia participaba en lecturas bíblicas; análisis de la realidad; trabajo con laicos en formación cristiana, etc. Solidario con luchas de tenencia de la tierra y sindicales como el de IACSA y en la creación del Sindicato Independiente de la empresa NISSAN y en Textiles de Morelos. El trabajo fuera de la parroquia empezó a multiplicarse y el contacto con la gente lo llevó a descubrir que ya no quería ser sacerdote.
Gerardo e IreneEn 1976 conoció a Irene Ortiz, que ahora es su esposa, así que habló con Don Sergio y le dijo que pensaba retirarse y le pidió apoyo para promover su licencia en Roma, cosa que le dieron con sorprendente rapidez. Al poco tiempo recibió un documento del Vaticano, firmado por un cardenal, un oficio muy humillante, donde lo hicieron sentir como una persona muy peligrosa, sin embargo y aunque molesto él se sintió liberado.
Sin embargo esto no lo hizo perder su fe sino que lo transformó en un miembro crítico de la iglesia católica. Pocos meses después se casó y su congregación lo siguió apoyando y él siguió trabajando con los grupos, casi como sacerdote, lo único que dejó de hacer fue celebrar la misa.
Su amistad con don Sergio continuó hasta la muerte de éste último, en febrero de 1992, y su trabajo en la formación de los laicos también.

Solidario con las luchas no sólo en nuestro estado o nuestro país, sino en las luchas de América Latina. Convencido de que las grandes transformaciones vienen de abajo, de la base, del pueblo pobre que se compromete en la transformación de condiciones de vida injusta a condiciones de vida digna y justa para todas y todos.
Gerardo fue fundador del Centro de Encuentros y Diálogos A. C. y presidente de la Asamblea de socios, a través de la cual se daría continuidad al trabajo de formación y análisis que se tenía con los laicos y laicas en la Catedral de Cuernavaca.
Fue fundador también del Grupo de Estudio y Reflexión, que inicialmente era una escuela para capacitar teológicamente a laicos y laicas, a través de cursos de estudio de la realidad, ciencias sociales, etc., donde participaron alrededor de 350 personas que después participaron en los movimientos populares, organizaciones sindicales, grupos de mujeres, etc.
Pero que con el cambio de obispo para evitar el control y supervisión y posiblemente la desaparición se transformó en el GER.
A partir de sus 75 años de edad, decidió no dirigir ninguna organización pasó a tener funciones de acompañamiento y señoría de varios grupos como la Fundación Don Sergio Méndez Arceo, las CEB´s de la colonia Flores Magón y otras partes del oriente de la Ciudad de Cuernavaca, el Frente Social Don Sergio, el Grupo de Ex Obreros de Morelos y el Colectivo Abierto.

Gerardo Thijssen

En conclusión puedo decir que Gerardo Thijssen, fue un hombre lleno de esperanza en la gente pobre porque estaba convencido que los grandes cambios no vienen de arriba (autoridades políticas y religiosas) sino que deben ser construídos por el pueblo desde la base, partiendo de la realidad y con respeto a la naturaleza, porque son los pequeños los que ven y oyen lo que reyes y profetas no ven ni oyen.
Su entusiasmo y compromiso nos interpela ahora para continuar trabajando en la formación del sujeto popular, entendido éste como la persona que conociendo su realidad suma fuerza con otros que viven en las mismas circunstancias y se organizan para la transformación de su entorno, logrando generar condiciones de vida digna para todas y todos.

Con cariño y admiración.

Soila Luna

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