Semblanza

DnSergio1Un obispo comprometido con las y los pobres de la tierra, que junto con ell@s caminó por veredas minadas de conflictos que no lo detuvieron gracias a su inquebrantable fe cristiana, a su férrea voluntad para afrontar los tragos amargos y a su natural humanismo enriquecido por la ternura y sentido del humor.

De jerarca a pastor y de pastor a compañero y hermano por tener corazón sensible para los que padecían injusticias o vivían las bienaventuranzas del evangelio, aún sin conocerlo o aceptarlo: por el anuncio permanente de nuevas esperanzas y la denuncia de estructuras inhumanas cumplió cabalmente con los atributos para ser reconocido como profeta en sentido bíblico: el que condena los abusos de los poderes, religioso, económico y político desde la vivencia de su fe; y en el sentido contemporáneo: ser en circunstancias adversas conciencia crítica de la sociedad.

El itinerario del obispo al lado de los pobres empieza en la reforma litúrgica de la catedral: descubrir al pueblo como sujeto de la oración  comunitaria, al poner la Biblia en manos del pueblo creyente.

Como “pastor y no arriero” siendo libre y respetando la libertad de su presbiterio y comunidades cristianas, don Sergio no impone sino propone con su testimonio personal a los sacerdotes y agentes de pastoral ser “vasos capilares de su profetismo.”

Don Sergio se deja convertir por el pueblo morelense experimentado en luchas agrarias y tiempo después, en luchas obreras reivindicativas que don Sergio acompañó haciendo suyas las causas de los trabajadores morelenses y resistió por esto los ataques de la CTM.

Las comunidades cristianas de base encuentran en don Sergio ejemplo y apoyo porque vio en ellas el medio de construir el Reino de Dios que se manifiesta por la fraternidad y la justicia.

Cuando la Segunda Conferencia del CELAM (1968) en Medellín Colombia, promulga como ruta para toda la iglesia Latinoamericana la “marcha hacia los pobres” nace la teología de la liberación como el encuentro fuerte entre Dios y la Historia donde se reflexiona la fe cristiana a la luz de la experiencia de los pobres como colectividad, los pobres como fenómeno social, donde los cristianos descubren el rostro del siervo sufriente, Jesucristo.

De este compromiso con los pobres como clase social don Sergio asciende en su proceso hacia la solidaridad nacional e internacional. En México es el único obispo que se solidariza con el movimiento estudiantil del 68, cuando se impuso la dureza y la impaciencia del Estado con la masacre de Tlatelolco.

El viernes santo (17 de abril de 1981) como “contribución a la paz pública” el obispo da a conocer su decreto de “Excomunión para los torturadores en Morelos”. Hacía tiempo que don Sergio había levantado la voz en defensa de los derechos humanos en Morelos y América Latina.

La década de los 70´s se recuerda tristemente por los gobiernos militares en América del Sur. Como testimonio de solidaridad y aliento, don Sergio recibe en su catedral a cientos de exiliados de Chile, Argentina, Uruguay, Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

En su amistosa relación con el gobierno y pueblo cubanos, desde su primer viaje a la isla reconoció avances incuestionables en la educación, la cultura, la justicia distributiva y en los programas de salud.

La muerte lo sorprendió el 6 de febrero de 1992, y en el último adiós del pueblo que fue acompañado por don Sergio, hasta el último instante de su vida, miles de gargantas lo aclamaron y por voz de ellos dejó su mensaje: “Queremos obispos al lado de los pobres”.

El padre de la teología de la liberación Gustavo Gutiérrez, ha dicho: “al pueblo se sube, no
se baja”. Efectivamente, don Sergio subió hasta la entraña de los pueblos.

Pbro. Baltasar López Bucio